Las parejas más fuertes que llegan a la final de Tango Pista 2017 son rusas y argentinas

Tags

Captura de pantalla 2017-08-21 a las 11.28.16

Las parejas que ocuparon los primeros cinco lugares de la semifinal del Mundial de Tango Pista 2017  son de origen argentino (primero y tercer lugar) o ruso (el segundo, cuarto y quinto).

El primer lugar de la semifinal lo obtuvieron German Ballejo y Magdalena Gutierrez, quienes dieron un brinco tremendo, pues venía de ocupar el lugar 22 de las rondas clasificatorias.

El segundo lugar en la semifinal, Stanislav Fursov y Ekaterina Simonova, ocuparon el lugar 9 en las clasificatorias, así que, a ojos de los jurados, mejoraron.

Carlos Estigarriba y Dana Zampieri, tercer lugar, también escalaron varias posiciones, pues en la clasificatoria ocuparon el lugar 12.

Dimitri Vasin y Sagdiana Khamzina, subieron cuatro posiciones en la semifinal, al pasar del lugar 8 al cuatro.

Finalmente, Maksim Gerasimov y Mariia Vasileva, perdieron el segundo lugar que habían obtenido en las clasificatorias para quedar en el 5 durante la semifinal, aún así, son la única pareja que ha estado entre los primeros cinco lugares durante las dos rondas.

Hay que recordar que además de las 3 parejas rusas mencionadas hasta ahora habrá otras 5 de esa nacionalidad compitiendo en la final, y como ya lo dijimos antes, parecen muy fuertes.

Pero si de hacer montón y aumentar las posibilidades se trata, las parejas argentinas siguen siendo las más numerosas: habrá 25 en la final.

También asistirán a la cita en el Luna Park este martes dos parejas italianas, una de Indonesia, una de Corea del Sur, y nuestros queridos Alexander Sossa y Luisa Calle, de Colombia, quienes pasaron del lugar 3 en las clasificatorias al lugar 14 en la semifinal, aún así, les seguimos echando porras.

En la final veremos a 38 parejas compitiendo. Tango Post les deseamos suerte a todos, aunque como ya dijeron en la presentación de los finalistas, será solo una la pareja la que gane el mundial y seguramente experimente un cambio de vida.

¿Qué países se animan a participar más en el Mundial de Tango Pista?

Mundial de Tango 2017 02

La gran mayoría de las parejas que se presentaron a participar este año en el Mundial de Tango Pista son argentinas. Hasta ahí, no hay sorpresas. Los otro cuatro países con mayor presencia en el concurso de tango más importante del mundo son la Italia, Rusia, Japón y Brasil. Aún así, estos cuatro países juntos representan apenas el 10 % del total de los participantes. Los argentinos representan el 61 %.

La lista oficial dada a conocer por el Festival y Mundial TANGO 2017, que se celebra del 10 al 23 de agosto, no aclara cuáles y cuántas parejas están compuestas por personas con nacionalidades distintas. Pero sí dice que este año se presentaron al concurso 417 parejas de 21 países; de ellas, 88 obtuvieron los puntos suficientes para pasar a la semifinal, que se celebrará en el Luna Park el 22 de agosto.

Mundial de Tango 2017 07

Entre las parejas de origen extranjero, los rusos son un caso especial. Pese a que son un país geográfica y culturalmente muy alejado de la meca del tango, parece que su tradición en lo que respecta a la danza clásica hace que se tomen muy en serio esto de participar en concursos de baile. De las 12 parejas que se presentaron 8 pasaron a la final, es decir el 66 %. Aplauso de pie.

Caso contrario son los japoneses, otros geográfica y culturalmente alejados de la capital mundial del tango. Y en verdad muy alejados, porque aunque llegaron con 10 parejas (más que cualquier otro país latinoamericano) no lograron meter a ninguna a la semifinal. Podríamos decir que los japoneses tienen la dedicación y el poder adquisitivo para perseguir sus sueños, pero lo suyo, lo suyo, hasta ahora, no es el baile. Al menos no el tango.

Sus vecinos de Corea del Sur, en cambio, hicieron un mejor papel. Las parejas surcoreanas eran 7 (3 menos que las japonesas), pero 2 lograron pasar a la semifinal. Zaz.

Volviendo a los que no les fue tan bien hablemos de los brasileños, que a diferencia de los japoneses nunca se han mostrado tímidos en lo que respecta al baile. Ellos llegaron desde el otro lado de las Cataratas de Iguazú con 9 parejas, aunque solo una logró pasar a la semifinal.

Dignos de mención son los colombianos, quienes, como los rusos, parece que se prepararon para arrasar. Al concurso se presentaron 8 parejas de las cuales 5 ya tienen un lugar en la semifinal.

¿Y México? Dos parejas se animaron. Una pasó a la semifinal, otra no. La pareja que sí paso quedó en un lugar muy digno, el 39. La pareja está compuesta por Froyamel Corro y Miriam Gutierrez, quienes decidieron irse a vivir a Argentina en una arranque de amor por el tango.

CASOS ESPECIALES

Dos países que no parece que compartan frontera con Argentina son Chile y Uruguay. Chile llegó con 8 parejas pero solo una pasó a la semifinal. ¿Cuántos milongueros no quisieran estar a dos horitas de vuelo sobre la Cordillera de los Andes para pode ir a bailar a Buenos Aires bien seguido?

El caso de Uruguay es casi el colmo, pues además de fronteras, comparte con Argentina el certificado de nacimiento del tango, que surgió en torno al Río de la Plata, a orillas del cual se establecen Montevideo y Buenos Aires.

¿Por qué solo seis parejas uruguayas se presentan al concurso y ninguna pasa a la semifinal? Una posibilidad es que los jueces les pongan puntos bajos como venganza por las interminables disputas entre países, incluido el sitio de nacimiento de Carlos Gardel, aunque ese asunto ya quedó dirimido.

Otra posibilidad es que lo uruguayos se hagan pasar por argentinos para que nadie les haga el feo o les baje puntos por ser del otro lado del río. El asunto es que a estas alturas nadie debería notar la diferencias entre unos y otros porque –a ojos de extranjeros– se ven igual, hablan igual, se visten igual, y bailan igual, con todo y que ambos bandos juran lo contrario.

Bolivia, que tiene una fuerte migración en Argentina, apenas presentó a una pareja que se quedó en el camino a las semifinales.

Otro caso que llama la atención es el de Francia, donde también hay un fuerte movimiento milonguero. Es bien sabido que este país jugó un rol importante en el desarrollo de la historia del tango al ser ahí donde la clase alta sudamericana se dio permiso de bailar y perfeccionar este baile. El caso es que solo se presentaron dos parejas francesas y ninguna pasó a la semifinal.

Hablemos de Estados Unidos. De nuevo, tienen un movimiento robusto y una economía que les permite con relativa facilidad viajar a Sudamérica. El punto es que solo 6 parejas se animaron y apenas una pasó a la semifinal. Vale la pena mencionar que los orgullosos semifinalistas son de la emblemática capital del Jazz, Nueva Orleans. La contraparte es que la pareja con la puntuación más baja de toda la ronda clasificatoria también es de origen estadounidense, aunque habrá que celebrar el solo hecho de que se hayan animado a participar. ¿Cuántos no habrá que se quedan con las ganas de anotarse y no se atreven?

 

Otros países que solo presentaron una pareja son Grecia, Indonesia, Australia, España, Paraguay, Polonia y Portugal.

Paraguay se quedó a muy poquitito de pasar a la semifinal. Obtuvo el lugar 91 de las 88 parejas seleccionadas. Qué coraje.

Grecia, en cambio, con una sola pareja en el concurso se ubicó en el honrrosísimo lugar número 11. He de presumir aquí que tuve la oportunidad de ver una exhibición de Vaggelis Chatzopoulos y Marianna Koutantou a principios del año 2016 en Mumbai, el mismo día que por distraída me perdí de la clase que dieron antes de la exhibición.

También vale la pena mencionar que la pareja griega obtuvo la puntuación más alta de todas en el primer día de las rondas clasificatorias: 7,772 puntos. Razón de más para seguirles la pista de cerca en la semifinal.

Vale la pena hacer un paréntesis para hacer notar que las puntuaciones que dieron los jueces en el primer día de las clasificaciones son mucho más altas que las que dieron en el segundo día, cuando ninguna pareja superó los 7,700 puntos. ¿Se pusieron más estrictos? ¿Menos impresionables después de ver a tantas parejas? Un tema digno de análisis psicológico.

Mundial de Tango 2017 01

Volviendo al tema de los concursantes. Otros que me generan muchas preguntas son las tres parejas venezolanas que se anotaron y no pasaron a la semifinal. Aunque mis dudas son más por razones políticas que por otra cosa. ¿Viajaron desde su país para concursar? ¿Van a aprovechar para pedir asilo político? ¿Son millonarios y su realidad es alterna? Si pudiera, iría entrevistarlos en persona.

Ya para terminar, una historia bonita. Alexander Sossa y Luisa Calle, ambos de Colombia, quedaron en tercer lugar global. Y si revisamos las puntuaciones por día podemos notar que Alexander y Luisa obtuvieron la puntuación más alta del segundo día de clasificaciones, 7,664 puntos.

Apenas una semana antes de irse al mundial hicieron un recorrido por varias ciudades de México. Cerraron su tour en Guadalajara, donde tuve el gusto de verlos dar una exhibición y tomar una brevísima clase con ellos en una cantina local llamada La Mutualista. La clase fue brevísima porque llegué tarde 😦

De Alexander recuerdo que solía dar clases en Coyoacán, Ciudad de México, por la época en la que me tomé en serio la práctica del tango. También recuerdo que por desgracia nunca me decidí a tomar clases con él porque pensaba que Coyoacán me quedaba muy lejos. Visto en perspectiva, creo que no era tanta la distancia.

Una milonga que terminó en aplausos

Tags

, ,

Anoche fui a una milonga con la expectativa de bailar un par de tandas a puerta cerrada, pero la milonga terminó inesperadamente en una explanada al aire libre con público aplaudiendo. Esta es la historia.

La cita para era en la calle Libertad 1420, en una casa antigua del centro de Guadalajara —de esas que tienen un amplio patio al centro—. El lugar es un club para ex futbolistas que eventualmente alberga eventos privados.

Por error, el administrador del club agendó a la misma hora la milonga y lo que parecía una fiesta de universitarios. Cuando llegué, encontré a los organizadores de la milonga, los integrantes de La Vagoneta Tanguera, afuera de la casa esperando a ver quién llegaba, cancelando desde sus celulares la milonga, y decidiendo qué hacer. Desde el interior de la casa salía el sonido de rock.

A unas cuadras de ahí está El Expiatorio, una plaza pública donde esa noche había algunos puestos de artesanías, antojitos, un grupo que practicaba salsa y la proyección de un documental que veía una docena de personas sentada en sillas de plástico.

Joel, maestro de tango y uno de los integrantes de La Vagoneta, fue a preguntar a un empleado del Ayuntamiento de Guadalajara si le permitirían conectar su computadora a las bocinas que usaban para la proyección del documental, y si podían dejarnos bailar. La respuesta fue sí. Solo había que esperar a que terminara la proyección. Ocho personas nos lanzamos para allá.

Para nuestra sorpresa, en cuanto terminó el documental, y mientras los milongueros aún le mordían al tamal o le tomaban al atole que se habían comprado para matar el tiempo, el trabajador del ayuntamiento le pidió a los asistentes que formaran un círculo con las sillas y que no se fueran porque unos “maestros” de tango iban a dar una presentación. What?

Verónica, otra integrante de La Vagoneta, salió al ruedo e improvisó una breve presentación. Tomó el micrófono y explicó la diferencia entre el tango escenario y el tango salón con la intensión de bajarles las expectativas de lo que iban a ver. Y ahí arrancó la música.

Verónica explica la diferencia entre el tango escenario y el tango salón

Verónica explica la diferencia entre el tango escenario y el tango salón

Milongueamos a cielo abierto y con aplausos cada que terminaba una tanda. El público consistió en una veintena de personas que iban y venían. Hasta donde yo sé, en Guadalajara no hay en este momento milongas callejeras, que es lo que ha impulsado el movimiento milonguero en otras ciudades, así que fue un gusto ver que de tanto en tanto los transeúntes se quedaban a ver un rato a las tres parejas que en promedio había en la improvisada pista de baile. Una pista de un infame y duro cemento, por cierto.

Josué, un aprendiz de tango, hizo una transmisión en vivo de la milonga en Facebook. Más de una persona se acercó a hacer preguntas, “¿qué ritmo es ese?”, “¿en dónde dan clases?”. Los rostros de una pareja reflejaban que en verdad estaban disfrutando lo que veían, una familia hizo expresiones de sorpresa al ver una serie de sacadas, una pareja de chavitos se abrazó y simuló bailar tango. A las 10:30 de la noche se rompió una taza.

La opción de regresar a ese espacio público de Guadalajara quedó abierta gracias a la confusión de la doble agenda. Se puede decir, por lo tanto, que fue una buena noche.

¨El tango me dio el valor para crear mi camino sin conocer la ruta¨

Tags

,

CLARA STERN, BANDONEONISTA

CIUDAD DE MÉXICO

Clara Stern

Es casi un sinsentido preguntarle a Clara Stern cómo sería su vida sin el tango. Clara forma parte del selecto grupo de músicos que tocan el bandoneón en México, y es la primera mujer del país que domina este instrumento, aunque ella prefiere que se destaque su valor musical en lugar de su género.

Su carrera profesional en el mundo de la edición y la traducción no ha tenido más remedio que ceder terreno ante el avance de su carrera musical, que ahora ocupa 100 por ciento de su tiempo: es integrante de la Orquesta Mexicana de Tango (OMT), junto con el guitarrista César Lara que integra el dúo La Bandarra (con el cual dio 19 conciertos en el 2016) y en junio próximo se presentará por primera vez como solista en un concierto con la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional que será transmitido en vivo por Canal 11.

Los detalles de cómo llegó al tango y al bandoneón los cuenta ella misma en el libro autobiográfico Esa caja que respira, notas de una bandoneonista que publicó en el 2016 con el apoyo de la Asociación Mexicana Tango para Todos.

El primer acercamiento de Clara al tango ocurrió cuando tenía 15 años y acudió a un concierto en el Centro Cultural Universitario donde César Olguín, actual director de la OMT, interpretaba a Astor Piazzolla en el bandoneón.

¨Me impactó cómo es físicamente el bandoneón, su presencia escénica. Era el género [musical], el sonido, y esa cosa visual del fuelle rojo. Era un sonido muy único”.

Clara ingresó a los cuatro años al Centro de Investigación y Estudios Musicales (CIEM), por lo que creció cantando y tocando la jarana, las percusiones, el piano y el arpa jarochas. Aunque fue en el tango donde encontró su voz y un reflejo de sí misma.

¨Nada me había hecho clic del todo, me encantaba Bach, pero no sé si habría encontrado mi voz [en otro género]; pero en el tango sí hay algo que se vincula a lo que sientes, me dio una salida a lo que pueda tener de talento¨.

Le cautivó la intensidad del tango, y el hecho que este género tuviera un lado rítmico y a la vez dramático que se despliega a través de sus letras agresivas, todo esto combinado con un aspecto melódico, lo que en conjunto, en su opinión, es un reflejo de lo que un individuo puede ser o sentir. Ya en su adolescencia Clara prefería escuchar casi obsesivamente a Piazzolla a diferencia de lo que sus amigos oían comúnmente.

¨La gente a mi alrededor escuchaba rock en español. En México oír tango era más bien exótico. Si venían mis amigas a la casa estaban como ‘a ver a qué hora le cambia’. Pero Clara se mantuvo fiel a su gusto por este género, que ha terminado por marcar la dirección a su vida.

A los 16 años tomó su primera clase de bandoneón, y más tarde emprendió su primera gran aventura al irse a Buenos Aires para proseguir sus estudios por tres meses.

¨El primer viaje que hice sola en mi vida fue a Argentina a los 19 años. Dije, ‘necesito un bandoneón, no sé de dónde lo voy a conseguir, pero ahí voy’. El tango me ha dado mucho valor para crearme un camino aunque no vea la ruta”.

Clara Stern en una imagen de Pablo Chemor

Clara Stern en una imagen tomada por Pablo Chemor

El camino de Clara en el tango también incluye la exploración del baile. El encanto de las milongas la sedujo durante los cuatro años que estudió Letras Inglesas en Inglaterra. Al llegar a ese país contactó a un grupo de milongueros, quienes recibieron con sorpresa y gusto a la chica que sabía tocar el bandoneón. Por esa época Clara solía hacer trayectos de tres horas en carro para llegar a Londres, bailar tres horas, y manejar otras tres horas a la ciudad donde realizaba sus estudios.

De regreso en México redujo su asistencia a la milonga para concentrarse de nuevo en el bandoneón. En el 2016 comenzó a enseñar a otros a tocar este instrumento, aunque por cuestiones de agenda se vio obligada a suspender las clases.

Calcula que cerca de 15 personas están aprendiendo a tocar el bandoneón en México con maestros como César Olguín, Raúl Vizzi y Víctor Madariaga. También hay personas del interior del país que han mostrado interés por aprender, aunque por ahora todos los maestros se encuentran en la Ciudad de México.

Son pocos los aprendices de bandoneón en el país, pero a la vez son más de los que había cuando Clara se acercó a este instrumento. En su opinión, para formar músicos realmente especializados en este género —no solo en el bandoneón— será necesario crear una escuela de tango en México.

Clara Stern en una imagen de Jesús Cornejo

Clara Stern en una imagen de Jesús Cornejo

¿Qué planes tiene Clara a futuro? Se encuentra estudiando armonía con la intensión de hacer arreglos y comenzar a componer a mediano plazo. Además, en marzo próximo planea audicionar para ingresar a la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce de Buenos Aires. La escuela funge como un espacio en el que los jóvenes aprenden directamente de los músicos de la vieja guardia. De ser aceptada, Clara estudiaría dos años en ella.

Cuando se le pregunta a Clara cómo sería su vida sin el tango responde optimista: “Seguramente habría encontrado otro camino en la música, quizá sería una gran literata¨.

Al otro lado del teléfono se percibe que no ha dejado de sonreír cuando reconoce que probablemente también sería muy triste.

Esta entrada forma parte de una serie de entrevistas con milongueros y tangueros de diversas ciudades para conocer la historia de cómo llegaron al tango y cómo este ha enriquecido su vida.

De escuchar tangos con el abuelo a promoverlo

Tags

,

Ernesto Aguilar López

Monterrey

Cortesía: Ernesto Aguilar López

Cortesía: Ernesto Aguilar López

En las tardes de su infancia Ernesto se sentaba con su abuelo a escuchar tangos en la radio, y a que le contara historias sobre Carlos Gardel. A Ernesto, que entonces tenía entre seis y siete años, le fascinaban las letra de las canciones porque le parecían “como cuentos” de hombres bien vestidos que sabían bailar y se peleaban “a machetazos” por una mujer.

La nostalgia por revivir esas tardes lo llevó a los 18 años al Club de Amigos del Tango, que se reunía en el kiosco de la plaza de Santa Isabel, en Monterrey, exclusivamente a cantar tangos. Durante año y medio acudió religiosamente a la cita semanal, aunque jamás se atrevió a tomar el micrófono ni estableció relación con los asistentes. Llegaba “al cuartito oscuro” donde se reunía una treintena de personas y se dedicaba “a ver cantar”. Se quedaba sentado, reviviendo el placer infantil de escuchar esa música con su abuelo.

Más tarde buscó y tomó su primera clase de baile: “Me acuerdo que nada más estaban el maestro y una señora. Ella empezó con el abrazo cerrado, yo sentí su aliento en mi oído, y ella me decía, ‘¡es que no te siento!'”. La experiencia impactó a Ernesto a tal punto que dejó pasar un año antes de atreverse a tomar una clase de nuevo.

“Volví a la clase con una ex novia, porque dije, ‘bueno, nos protegemos entre los dos'”.

En esa segunda clase el maestro quedó tan encantado con los avances de la pareja en una sola sesión que les habló entusiasmado de formar una compañía de baile. Fue una pena que Ernesto y su entonces novia terminaran la relación prácticamente al dejar el estudio. De nuevo sin pareja de baile, Ernesto se mantuvo lejos del tango un año más.

La siguiente vez que se armó de valor para asistir a una clase llegó y nunca más se fue. Desde entonces no ha parado de estudiar, acudir a milongas y ahora también de promover el tango.

Un día después de ver una escena de la película Tango Lesson en la que los protagonistas bailan en la calle se le ocurrió que sería buena idea convocar a un grupo de milongueros para irse a bailar en zonas concurridas de Monterrey. La idea era promover esta danza. La iniciativa arrancó en el 2012 y Plan Malevo sigue vigente hasta la fecha, y de hecho creció a través de una página de Facebook en la que Ernesto promueve todo tipo de material relacionado con el tango. La página tiene más de 18,000 seguidores.

Ernesto es psicólogo y trabaja en un negocio familiar. Y desde hace algunos meses dedica sus ratos libres a dar clases en su municipio, San Nicolás. También es aficionado a la meditación, a la autoevaluación y disfruta de las artes marciales. El tango, para él, es la mezcla perfecta de estas disciplinas y una forma de comunicación.

“El tango es la combinación de todo eso: el controlar tu cuerpo, tus emociones, cómo te mueves cuando estás triste, enojado, feliz”.

Le parece, por otro lado, que la comunicación en el tango es una de las más sinceras: “Una cosa es la que se habla, pero en el tango es una comunicación constante con otra persona. Todo lo que se dice es sincero aunque no se hable”.

Ernesto ha ido en busca de milongas a Querétaro, Ciudad de México, Morelia, Durango, León y Santiago de Chile. En estas dos últimas tuvo la experiencia de no sacar a bailar a prácticamente nadie. Eran las chicas a sabiendas de que estaban rompiendo los códigos milongueros las que no pararon de invitarlo, cuenta divertido.

A Ernesto le tomó algunos años encontrar su propio camino en el tango, pero una vez que lo hizo sabe que es permanente, y que ni la incómoda presencia de una ex novia en el mismo círculo de milongueros lo harían alejarse de nuevo.

¨Me ha tocado tener a ex novias con las que me he entrenado en ser cordial aunque la cosa esté incomoda con tal de seguir yendo a las milongas. El tango es primero. Desde que soy pequeño ha estado y no se va a ir, no es una cuestión de moda para mí, no es una cuestión de novedad, no vino nada más al lado de un baile, vino al lado de Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, Julio Sosa, Julio Cortázar, son cuestiones que siempre me han estado ligando a la Pampa”.

Ernesto sabe que el tango llegó a su vida para quedarse.

Esta entrada forma parte de una serie de entrevistas con milongueros y tangueros de diversas ciudades para conocer la historia de cómo llegaron al tango y cómo este ha enriquecido su vida.

Desaprender la danza y aprender a escuchar al otro

Tags

,

Yuri Vázquez

Monterrey

Cortesía: Yuri Vázquez

Yuri es una regiomontana que se acercó al tango como como parte de su interés por explorar la danza en general. Comenzó participando en grupos coreográficos de la preparatoria cuando tenía 16 años, después vio todas las películas sobre danza que pudo, y más tarde se inscribió en clases de ballet para adultos. Aterrizó en una clase de tango por curiosidad: pensaba que iba a aprender coreografías y se encontró con que el tango salón se improvisa. Llegó a desaprender.

“La próxima vez trae zapatos sin antiderapante, cierra las piernas, junta las rodillas…todas las que hacen ballet caminan como patitos”, le dijo un profesor argentino en su primera clase. Yuri había llevado sus zapatillas de media punta que usaba para el ballet, nada menos apropiado para soportar los pisotones.

Tres meses después se animó a asistir a su primera milonga, y cinco años más tarde podría escribir un diario de viajes que incluiría el Festival Internacional de Tango de Puebla, el Festival de San Miguel de Allende y una visita a la Ciudad de México exclusivamente para milonguear. El momento preciso en que se enganchó con el tango, sin embargo, fue cuando el profesor argentino les puso un video de Noelia Hurtado y Pablo Rodriguez bailando Invierno en La Baldosa.

¨Ahí me enamoré, dije, es mi pareja favorita, porque los vi bailar, y la vi a ella cerrar los ojos, y al final que están llorando, ahí me enamoré de Invierno, es uno de mis tangos favoritos. Yo creo que (ese video) ese es muy representativo para mí por lo que me causó al verlos”.

¿Cómo enriqueció el tango tu vida?

— ¨Me amplió la visión del baile. Antes iba a un antro y pensaba que ir y mover la cabeza era bailar, ahora voy y pienso que falta algo”, dice. ¨También me amplió la visión del mundo, de lo que hay, me ayudó a conocerme a mi misma con respecto a otras personas. Si no estás abierto a entender a tu compañero va a ser más difícil, tienes que ser más receptivo para captar lo que el compañero sugiere, tratar de ser empático, y de detenerte para escucharlo”.

Cortesía: Yuri Vázquez

Al momento de conceder esta entrevista Yuri se preparaba para participar en Plan Malevo, una iniciativa local en la que un grupo de milongueros van a puntos céntricos de Monterrey bailan un par de tangos, y se mueven al siguiente lugar para hacer lo mismo. Una especie de flashmob que tiene como propósito el mero gusto de bailar, y de paso promover esta danza.

Por estos días Yuri también asiste a todas las milongas que les es posible y quiere regresar a clases.  En la ciudad de Monterrey —cuenta— hay cerca de cinco milongas al mes, y un promedio de 6 o 7 profesores. Su propósito es mejorar técnicamente, hacer boleos bonitos, y visitar Buenos Aires en unos dos años.

Planea seguir milongueando indefinidamente. Puede que se aleje por un tiempo por motivos personales -es traductora profesional y trabaja como correctora de estilo- pero tiene claro que su relación con el tango es seria. Recuerda que por un tiempo pensó que ella era quien había estaba buscando al tango, hasta que un día alguien le hizo entender en una charla que en realidad siempre es al revés: “el tango ya te estaba buscando…y una vez que te buscó y te enganchó, no te va a soltar”.

Esta entrada forma parte de una serie de entrevistas con milongueros y tangueros de diversas ciudades para conocer la historia de cómo llegaron al tango y cómo este ha enriquecido su vida.

Una clase en el metro

Estación de metro Zapata, Ciudad de México.

En agosto del 2015 pasé poco más de una semana en la Ciudad de México, y en esos días quería tomar al menos una clase de tango. Para mi sorpresa, el maestro me propuso que la clase fuera en una estación del metro.

Chema Pandal es maestro de tango y organiza milongas. Cuando lo contacté, me preguntó si tenía algún inconveniente de que nos viéramos en el metro. En realidad —me dijo— no contaba con un espacio para dar clases privadas. Él había bailado en esa estación de metro antes, específicamente cuando necesitaba ensayar alguna rutina con su pareja de baile. El lugar tenía un piso de excelente calidad y era poco transitado, me explicó. A mí me pareció que sería una locación original, así que quedamos de vernos a las siete de la noche en la estación Zapata de la línea 12 del metro.

Llegando a la estación nos fuimos al fondo, o mejor dicho, al principio del andén, donde se abre un espacio amplio hacia la derecha.

Un policía que fue a darse una vuelta discretamente para ver qué estábamos haciendo. Salvo ese pequeñísimo detalle, nadie nos molestó. Por el contrario, quiero pensar que a los pocos usuarios que nos notaron, en particular una señora que se quedó viéndonos buen rato, les pareció entretenido el momento. Ante sus ojos, bailábamos sin música. Aunque la verdad es que sí había música. No llegaba a sus oídos porque salía del celular de Chema, que ambos sujetábamos sin romper el abrazo, yo con mi mano derecha y él con su mano izquierda. Ninguno de los dos llevaba audífonos.

La clase duró alrededor de una hora. Al final, nos cambiamos los zapatos, nos dimos las gracias y caminamos lo justo para tomar nuestros respectivos trenes, esta vez ya no como maestro de tango y alumna, sino como usuarios normales. Unos usuarios del metro probablemente más contentos. Tan contento como se debe sentir cualquiera después de hacer una travesura.

Una escala en Londres, ¿y qué tal si…?

El 15 de agosto del 2015 volé de India a México con una escala de 20 horas en Londres. La escala era un sábado por la noche…

– ¨¡¿Y si en lugar de dormir en la sala de espera de Heathrow me salgo del aeropuerto y paso la noche bailando en una milonga?!¨, se le ocurrió a mi lado aventurero el día que compré el boleto por internet.

– ¨No conoces Londres, no sabes cómo moverte en esa ciudad, vas sola, vas a andar cargando una maleta de 10 kilos… estás loca¨ , les respondió mi lado sensato y aburrido.

– ¨Pero conocería amigos, la pasaría bien, quizás podría dejar la milonga a las cinco de la mañana para ir a ver el amanecer al río Támesis. Con suerte y hasta desayuno en algún lugarcito interesante con mis nuevos amigos antes de volver al aeropuerto¨, fantaseó el lado aventurero.

– ¨No, podría ser peligroso¨, dio por terminada la discusión el lado sensato y aburrido.

El lado aventurero se alejó cabizbajo, aunque en el fondo era solo un treta para que el odioso lado aburrido lo dejara tranquilo. En cuanto le fue posible, el lado aventurero se puso a investigar horarios, milongas, vías de transporte, cómo dejar encargada la maleta en el aeropuerto, y leyó foros con consejos de otros viajeros sobre si era recomendable o no salir de Heathrow durante una escala larga.

Llegó el día del vuelo. El lado sensato y aburrido había descubierto la treta e intentaba hacer entrar en razón al lado aventurero en el trayecto al aeropuerto de Mumbai.

img_0616

Al momento de llegar a la ventanilla de British Airlines seguían sin llegar a un acuerdo.

Un hecho aparentemente insignificante, sin embargo, inclinó ligeramente la balanza en favor de lado aventurero: la encargada les informó que el boleto permitía llevar dos maletas documentadas, lo que eliminaba el obstáculo de andar cargando la maleta pequeña en Londres o bien el desperdiciar tiempo, dinero y energía para dejarla encargada en el aeropuerto.

Una vez en el avión, y mientras las azafatas servían la comida, reiniciaron la discusión. El lado sensato y aburrido jugó sus última carta:

– ¨Reconócelo, tienes miedo. Qué tal si nos pasa algo. Qué tal si las cosas no terminan bien. Nadie te conoce, el agente de migración no te va a dejar entrar, podrías perder el vuelo¨.

– ¨Dejémoslo al destino¨, propuso sagaz el lado aventurero para sorpresa de su contrincante.

El acuerdo sería este: si durante el vuelo recibían una señal clara del destino en referencia al tango, irían. Sino, se quedarían a pasar una aburrida e incómoda noche en el aeropuerto. La señal podía aparecer en alguna película o serie de televisión; en alguna revista, en una conversación escuchada al azar entre los pasajeros, o cualquier otro medio del cual el destino se valiera para hacer llegar su mensaje con nitidez a bordo de ese avión.

img_1584

Transcurrieron las 9 horas y media del vuelo sin que apareciera la señal. El avión aterrizó puntual pasadas las seis de la tarde de Londres, tal como estaba previsto. El lado sensato y aburrido se relajó. Había ganado.

¨Para bailar tango se necesitan dos¨.

¿¿Qué??

¨Para bailar tango se necesitan dos¨.

El lado aventurero y el lado sensato y aburrido habían leído bien. El mensaje estaba escrito en un póster publicitario que nunca más recordaron qué publicitaba. Estaba colocado en el túnel que conectaba al avión con la terminal. Y era lo primero que los pasajeros veían al poner un pie afuera de la nave. No había más qué discutir. El siguiente paso era confiar en que migración no les impediría quedarse en Londres.

El trámite de obtener el sellado del pasaporte para visitar la capital inglesa tomó pocos minutos. Ahora había que sacar dinero del cajero, encontrar el metro (Tube) y seguir las instrucciones que el lado aventurero había impreso antes de dejar India para llegar a la milonga

Todo iba a pedir de boca hasta que el lado aventurero se dio cuenta que su tarjeta de banco estaba bloqueada. No tenía libras para comprar un boleto del Tube ni garantizar su regreso al aeropuerto o su supervivencia en Londres. Fin de la aventura.

El lado sensato y aburrido ya comenzaba sutilmente a reprocharle al aventurero su osadía mientras ambos se acomodaban en una banca fría donde tendrían que pasar la noche. La sala de espera, la cual acababan de dejar atrás de los controles de migración, les parecía ahora un hotel de cinco estrellas.

En ese momento el lado aventurero recordó que en su monedero venía cargando una tarjeta de banco de un antiguo empleo. Llevaba ahí más de un año sin ser usada. Todavía debía tener un poco de dinero. Le parecía recordar la clave. Con suerte y las medidas de seguridad del banco eran malas, y en verdad lo eran porque al primer intento salieron disparadas del cajero suficientes libras para llegar al destino y agenciarse una comida. El lado aventurero estaba contento, y listo para milonguear.

El trayecto en el Tube fue largo pero sencillo, y sirvió para que el lado aventurero se entretuviera observando a las londinenses irse de fiesta en tacones y minifalda a pesar de que el frío comenzaba a sentirse. Solo hubo que hacer un transbordo y salir directo a una zona de bares, un lugar en el que se respiraba cierto aire de inseguridad, según el lado aburrido. El lado aventurero confirmó que había llegado a Londres cuando un chico pasó volando perseguido por una yunta de policías guapísimos. La noche era joven.

Las calles rebosaban de bares, música, gente bien arreglada yendo de un lugar a otro. Todo era movimiento, aunque las calles se iban vaciando conforme avanzaba las aproximadamente 10 calles de distancia que indicaba el mapa que llevaba impreso. Tanto, que el lado sensato y aburrido comenzó a echar vistazos sobre sus espaldas. Al llegar al lugar, las calles estaba desiertas.

Pero el mapa estaba en lo correcto. Y el edificio que albergaba Tango at the Light Milonga estaba a la vista…

img_0634

La primera sorpresa de la noche fue que la milonga terminaba a las dos de la madrugada, y no a las cuatro, como anunciaba en su pagina de internet.

La segunda, que -según me informaron los organizadores- todos los bares y restaurantes de la zona también cerraban temprano, por lo que la opción de irme a pasar el resto de la noche a uno de ellos quedaba cancelada.

La tercera, que el Tube dejaba de pasar antes de la hora en que cerraba la milonga o los bares.

La cuarta, que los taxis al aeropuerto eran una locura de caros y me dijeron que no me convenía pedir uno sino irme en Tube.

La quinta, que ni los organizadores ni ninguno de los milongueros o milongueras se convirtió en mi mejor amigo en un lapso de dos horas por lo que no hubo nadie que me ofreciera un aventón, cobijo o conversación para el resto de la noche.

Conclusión: tenía que aprovechar al máximo las dos horas que iba a estar en la milonga y salir corriendo de nuevo al aeropuerto si no me quería quedar sola en la calle y sin dinero para un hotel.

Bailé, eso sí, unas tres o cuatro tantas que trajeron dulcemente a la memoria corporal imágenes y sensaciones de las clases que tomaba por el metro Sevilla de la Ciudad de México, las instrucciones de la maestra Lupita, y las mil y un repeticiones de los ejercicios con Ademir.

Poco antes de las once de la noche me quité los tacones y apresuré el paso hacia el metro. Cual si me estuvieran pisando los talones, justo alcancé el último tren de la primera de dos líneas que debía abordar. Y poco faltó para que perdiera el último tren de la línea que me llevaría al aeropuerto. Al final lo alcancé aunque sin saber que solo llegaba a la Terminal 3, y no a la 5, a donde yo necesitaba ir.

img_0642

A la media noche me encontré parada afuera de la estación del Tube hasta donde llegaba esa línea. Después de que los pasajeros bajamos de los vagones, el personal cerró. A los alrededores solo había avenidas grandes, oscuras y vacías. Me quedé cerca de una familia de paquistaníes o indios que parecían también intentar llegar a donde mismo que yo. Un trabajador del Tube había alimentado nuestras esperanzas diciéndonos que con suerte pasaría por ahí el último autobús gratuito que llevaba pasajeros del Tube a la Terminal 5, aunque no era seguro.

Era casi la una de la mañana, hacía frío, la Terminal 5 demasiado lejos para irse caminando, y la familia de paquistaníes o indios no parecían tener intensión ni de adoptarme ni de hacerme el menor caso pese a que discretamente si ellos daban cuatro pasos a la derecha yo daba otros cuatro en la misma dirección. Pasaron 10 minutos, 20, media hora. Perdí la cuenta. El lado sensato y aburrido había tenido la elegancia de no hacer reproches. No hacía falta. No era el momento.

El lado aventurero se rascaba la cabeza y se abrazaba solo con la esperanza de quitarse un poco el frío que se sentía. No había tenido la precaución de traer suficiente abrigo.

A lo lejos, un autobús.

Llegué a la Terminal 5 de madrugada sana y muy ligeramente espantada. Dormité sentada y con frío en una banca incómoda mientras hacía tiempo para que llegara el personal del aeropuerto y abriera las puertas de las salas de espera para los pasajeros. Fui una de las primera en atravesar los controles de seguridad apenas arrancó el día laboral, por ahí de las cinco o seis de la mañana. Adentro el clima era más cálido. Encontré una banca muy cómoda. Había internet inalámbrico. Gradualmente las salas de espera se fueron llenado de pasajeros que envidiaban mi lugar de descanso. Dormí plácidamente por ratos. Mi avión salía hasta las dos y media de la tarde. Observé un amanecer precioso enmarcado en un cielo semi nublado.

img_0645

Cedí mi banca a otros viajeros cansados para irme a caminar un poco. El lugar tenía más gente que un centro comercial en domingo. Busqué un desayuno sencillo y rico. La aventura no había salido exactamente como la había imaginado pero tampoco había estado tan mal. Estaba ilesa y tenía una historia para mi blog. El lado sensato y aburrido, por una vez, concedió con una sonrisa y moviendo la cabeza de lado a lado.

Día Mundial del Tango 2016

Celebré el Día del Tango en Guadalajara, donde el movimiento milonguero es relativamente pequeño. En el mejor momento de la noche no sé si se puso mejor después de que me fui había seis parejas en la pista.

La milonga fue en un lugar muy bonito, la Casa Pedro Loza, una construcción antigua ubicada en el centro de la ciudad que funge como hotel y restaurante.

La Vagoneta Tanguera organizó la celebración. Son grupo de chavos que convocan a milongas, clases, y en general, promueven el tango en Guadalajara. Su existencia es una buena noticia para esta ciudad, donde cada vez que he preguntado sobre el movimiento milonguero me he topado con crónicas de división entre los pocos maestros o promotores del tango que hay en ella.

En la milonga se presentó el trío Querido Tango y hubo una exhibición de Luciano Brigante y Alejandra Orozco, quienes ese mismo fin de semana dieron un curso para principiantes e intermedios. Él ganó el segundo lugar del Mundial de Tango Salón 2004 en Buenos Aires, ambos están entre los maestros más reconocidos en la Ciudad de México y son organizadores del Tango Maya Fest. Fue bueno verlos subiendo el nivel de tango por estas tierras.

Por último, acá una link a un texto breve y bien redactado sobre la historia del Día del Tango.

Y más por último, un video de Luciano y Alejandra. En cámara lenta por si queda alguna duda de su estilo.

Una serie surcoreana con tango

images

Meses antes de irme a India solía gozar del placer de meterme a la cama, prender la computadora y ver la serie surcorena Scent of a Woman.

Es la historia ficticia de Lee Yeon Jae, una chica que al enterarse de que le quedan poco tiempo de vida revalúa sus prioridades y elabora una lista precisa de cosas que hacer antes de morir. Una de los puntos, aprender a bailar tango.

Es una comedia romántica de 16 capítulos en los que además de aprender a bailar, la protagonista se enamora del hijo del dueño de la empresa de Turismo donde ella trabaja: Kang Ji Wook, un chico rico y guapo, pero sin pasión por la vida.

scent8

Honestamente no en todos los capítulos de esta serie del 2011 hay milonga, e incluso de pronto parece que a los guionistas se les olvida que nuestra protagonista quiere aprender a bailar tango antes de morir, sin embargo, uno alcanza a ver representados en esta serie a algunos de los especímenes que asisten a las milongas de verdad, como el hombre que de día es un oficinista sin pena ni gloria pero que de noche se convierte en una fiera en la pista.

En lo que respecta a las escenas donde bailan los protagonistas, no hay que esperar grandes ejecuciones. De cualquier forma, indiscutiblemente la serie es muy disfrutable, yo la recomiendo a cualquier milonguero.

Nota: el final es relativamente predecible, pero no necesariamente rosa.

La serie está disponible en esta página.

Design a site like this with WordPress.com
Get started